Fases para preguntar a un abuelo que emigró a Sudamérica en los años 60 y volvió

Saber qué preguntas para abuelo que emigró a sudamerica en los años 60 y volvio conviene hacer es solo la mitad del camino. La otra mitad es el proceso. En este artículo te contamos cómo se hace en 6 fases, cuánto tarda cada una y qué puedes esperar en cada etapa, desde la semana antes de la primera conversación hasta el día en que esa historia queda guardada para la familia.

El proceso de arriba abajo

Esta es la ruta completa. Las plazos son orientativos, porque cada abuelo y cada familia van a su ritmo, pero te sirven para hacerte una idea de cuánto tiempo real lleva la cosa.

  1. Prepara el terreno una semana antes de empezar.
  2. Elabora y ordena tu lista de preguntas en dos o tres días.
  3. Arranca con una primera charla sobre la infancia y la decisión de marcharse.
  4. Continúa con dos o tres sesiones sobre la vida allí.
  5. Cierra con la vuelta a España y lo que vino después.
  6. Conserva y comparte lo contado en uno o dos días.

En total, el proceso completo cabe en un mes con sesiones cortas, algo que conviene saber antes de empezar para no planteártelo como una tarde única. Si quieres ver cómo se organizan las preguntas por etapas de su historia, tenemos las preguntas concretas para un abuelo que emigró a Sudamérica y regresó. Aquí vamos a centrarnos en el cómo y el cuándo.

Fase 1. Prepara el terreno (una semana antes)

Aviso previo, no interrogatorio. Avísale que quieres que te cuente su etapa en Sudamérica y por qué te interesa. Esa frase, «me gustaría que me contaras cómo fue aquello», hace más por la conversación que cualquier lista perfecta.

Elige también el formato. Presencial es lo ideal, pero si vive lejos o en Baleares y solo os veis por Navidad, una videollamada funciona y tiene una ventaja inesperada. Él está en su casa, rodeado de sus cosas, y esos objetos disparan recuerdos por sí solos. Preguntarle qué era casa para él allí, cómo era el patio, la cocina o el barrio, con el mobiliario de su vivienda actual delante, abre conversaciones que un salón neutro no abre.

Plazo orientativo. Dedica una semana a avisarlo, acordar el día y decidir si será presencial, por teléfono o por videollamada.

Fase 2. Elabora y ordena tu lista (dos o tres días)

Mucha gente busca una lista en pdf lista para imprimir, y se entiende. Tener las preguntas escritas quita la tensión de improvisar. Si prefieres ese formato, puedes preparar tu propio documento con las preguntas que elijas y traerlo a la conversación como chuleta. Otra opción es la versión digital del libro guiado, que cumple esa misma función de lista ordenada y se consulta desde el ordenador o el móvil.

Lo importante de esta fase no es el soporte, es el orden. Organiza las preguntas por etapas, de antes de marcharse a la vuelta, para que la historia tenga un hilo. Para decidir cuáles se quedan y cuáles sobran, te ayuda mucho saber cómo elegir las preguntas antes de sentarte con él, donde encontrarás criterios concretos y una lista de comprobación.

Plazo orientativo. Dos o tres días para recopilar, recortar y ordenar.

Fase 3. La primera conversación, la infancia y la marcha (una sesión de una o dos horas)

Aquí empieza lo bueno. La primera sesión cubre la España de su infancia, la decisión de emigrar y el viaje. Es la fase que más sorprende a los nietos, porque descubres a una persona que no conocías, un chaval de veinte años con un billete de barco y una maleta.

Dos consejos que marcan la diferencia. Primero, no atiborres. Si aprecias que una pregunta abre un filón, deja que hable y olvídate del resto de la lista. Segundo, procura que la sesión acabe en un punto natural, no cuando ya está cansado. Mejor dejar con ganas de una segunda ronda que agotar la primera.

Plazo orientativo. Una sesión de una o dos horas, que puedes hacer el mismo fin de semana de la fase 2 si ya está todo preparado.

Fase 4. La vida allí, año a año (dos o tres sesiones a lo largo de dos o tres semanas)

Esta es la fase más larga y la más rica. Los años en Sudamérica dan para mucho, el primer trabajo, las amistades, cómo era la casa donde vivía, los domingos, lo que echaba de menos. Es la parte que casi nadie conoce de estos abuelos, y la que más se agradece recuperar.

Reparte este bloque en varias sesiones en lugar de una maratón. La distancia entre ellas ayuda. Al irse de la primera sesión, él seguirá recordando, y cuando vuelvas a sentaros llegará con material nuevo que no le habías pedido. Preguntas sencillas de conocer su día a día funcionan mejor que las grandes, del tipo «un día cualquiera en el trabajo, ¿cómo era?».

Si mientras preparas esta fase te asalta la duda de si tu familia tiene otro tipo de experiencia migratoria, por la rama europea, tienes un recorrido sobre cómo elegir qué preguntar a un abuelo que emigró a Suiza o Alemania en los años 60. Los contextos cambian, y las preguntas también.

Plazo orientativo. Dos o tres sesiones repartidas en dos o tres semanas, dejando una semana entre ellas.

Fase 5. La vuelta y lo que vino después (una sesión)

Volver también es un proceso, y a menudo la parte más silenciosa de la historia. Reencontrarse con una España que había cambiado, rehacer la vida, explicar a los que se quedaron lo que se vivió allí. Esta sesión cierra el círculo y a veces es la que más emociona, porque conecta su aventura con la familia que vino después. Literalmente, contigo.

Plazo orientativo. Una sesión, de nuevo de una o dos horas, idealmente una o dos semanas después de terminar la fase 4.

Fase 6. Conserva y comparte lo contado (uno o dos días)

De nada sirve todo lo anterior si las respuestas se quedan en tu memoria y en notas sueltas. Dedica uno o dos días a ordenarlo, ya sea pasando la grabación a un documento, transcribiendo lo más valioso o rellenando las respuestas de forma definitiva en el soporte que hayas elegido.

Aquí es donde una grabación se queda corta. Un audio se guarda en una carpeta que nadie abre, mientras que una historia escrita con su letra, página a página, se hojea en el sofá y se lee en voz alta en las comidas de familia. Esa diferencia es la que convierte una conversación en un legado.

Plazo orientativo. Uno o dos días, y cuanto antes mejor, porque la frescura de lo contado ayuda a ordenarlo bien.

¿Cuánto tarda el proceso completo?

Sumando todas las fases, el proceso completo cabe cómodamente en un mes, con una preparación previa de una semana y tres o cinco sesiones de conversación repartidas a lo largo de las semanas. Si solo podéis veros en fechas señaladas, puedes concentrar las fases 3, 4 y 5 en un fin de semana largo, aunque pierdas ese efecto de que él siga recordando entre sesión y sesión.

Lo que no conviene es estirarlo demasiado. No hace falta correr, pero sí un compromiso contigo mismo de terminarlo. Los proyectos de historia familiar que no tienen fecha de cierre son los que acaban a medias.

¿Y si quieres hacerlo sin prepararlo todo tú?

Se puede preguntar sin libro, desde luego. Pero la mayoría de la gente lleva años queriendo hacerlo y no encuentra el momento ni sabe por dónde empezar. Si prefieres que las preguntas vengan ya ordenadas por etapas de la vida y que las respuestas queden escritas de su mano, el libro guiado de recuerdos para Abuelo de Quiero Conocer Tu Historia reúne más de 140 preguntas en 12 capítulos, con menos preguntas pero con más profundidad, para que rellenarlo juntos sea fácil y no acabe en un cajón. Enviamos a toda la España peninsular e Islas Baleares, y es la excusa perfecta para sentarte con él estas próximas semanas y dejar que te cuente.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son 10 preguntas que puedo hacerle a un migrante?

Un buen punto de partida sería preguntarle por qué se marchó, cómo fue el viaje, qué encontró al llegar, cómo era la casa donde vivía, cuál fue su primer trabajo, a quién conoció, qué echaba de menos, qué le habría gustado saber antes de irse, por qué decidió volver y qué cambió en él con aquella etapa. En el artículo las agrupamos por fases para que la conversación tenga un hilo.

¿Cuánto tiempo total lleva hacerle estas preguntas?

El proceso completo cabe en un mes, con una semana de preparación y entre tres y cinco sesiones de una o dos horas repartidas a lo largo de las semanas. Si solo os veis en fechas señaladas, se puede concentrar en un fin de weekend largo, aunque es mejor repartirlo para que él siga recordando entre sesiones.

¿Puedo hacer las fases por videollamada si vive lejos?

Sí, funciona bien y tiene una ventaja. Al estar en su propia casa, rodeado de sus objetos, los recuerdos afluyen con más facilidad. Prepara igualmente la lista ordenada por etapas y procura que las sesiones no sean demasiado largas, porque por pantalla la atención se agota antes.

¿Y si se emociona al hablar de la vuelta o de lo que dejó allí?

Es más habitual de lo que parece, y no es un problema. Deja una pausa, no cambies de tema de golpe y déjale decidir si sigue o si prefiere dejarlo para otra sesión. A veces esas conversaciones más pausadas son las que guardan las historias más valiosas.

¿En qué fase conviene preguntar por cómo era la casa allí?

En la fase 4, la de la vida allí. La vivienda es un tema que abre muchas otras conversaciones, la cocina, los vecinos, el barrio, los domingos, así que conviene dejarle tiempo para que se extienda en los detalles en lugar de pasar rápido a la siguiente pregunta.

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