Cómo elegir qué preguntar a un abuelo que emigró a Suiza o Alemania en los años 60

Sabes qué preguntar a un abuelo que emigró a Suiza o Alemania en los años 60 cuando ya tienes claro tres cosas, que son las que ordena este artículo. De los nueve criterios que vas a leer, el primero es el que más peso tiene, porque decide el tono de toda la conversación. Si ya has decidido que esa historia no se te va a escapar, aquí tienes cómo elegir bien por dónde empezar.

Antes de elegir preguntas, decide qué quieres conseguir

Este es el criterio que marca el resto. Hay quien quiere entender por qué su abuelo se marchó con veinte años, quien quiere saber cómo era un día cualquiera en una fábrica de Basilea o de Stuttgart, y quien solo quiere que sus hijos conozcan a su abuelo de otra manera. Las tres cosas son válidas, pero no se responden con las mismas preguntas.

Si tu objetivo es entender la decisión de emigrar, las preguntas giran alrededor del antes, la partida y la vuelta. Si lo tuyo es el día a día, giran alrededor del trabajo, la casa y la comida. Si lo que buscas es legado para los tuyos, giran alrededor de lo que se aprendió y lo que se echa de menos. Marca una sola prioridad y todo lo demás se ordena solo.

Si quieres ver cómo está ya tratado el tema en detalle, te recomendamos esta guía sobre la emigración de los años 60 a Suiza y Alemania, que recorre etapa por etapa los capítulos de esa historia. Este artículo va un paso atrás, y te ayuda a decidir.

La checklist de decisión, en nueve criterios

Compara cada pregunta candidata con esta lista. Si pasa la mayoría de pruebas, va a la lista corta. Si falla alguna de las tres primeras, mejor retirarla.

  1. Sabes para qué la preguntas. Es la prueba de peso. Una pregunta que no encaja en tu objetivo se convierte en relleno, y el relleno agota la conversación antes de llegar a lo bueno.
  2. Invita a contar, no a responder sí o no. «¿Cómo era la pensión donde vivíais?» abre una historia. «¿Era pequeña la pensión?» la cierra. Cambia el verbo y gana la pregunta.
  3. No reabre una herida sin motivo. Habla de la partida, de la diferencia de sueldo o del frío, pero si notas que hay un dolor que él no toca, no lo fuerces. La emigración de los 60 dejó también vidas que se quedaron atrás.
  4. Se apoya en algo que él recuerda sin esfuerzo. Los mejores recuerdos llegan por los objetos y los sentidos, la valija, el sonido del idioma, la comida de la fonda. Preguntar desde ahí es más fácil que preguntar en abstracto.
  5. Se puede responder sin datar. Tu abuelo quizá no recuerda el año exacto en que llegó, y si cada pregunta le exige una fecha, la conversación se empantana. Pregúntale por situaciones, no por cronologías.
  6. Aporta algo que nadie más puede contar. La historia de la emigración está en libros y museos. Lo que solo existe en su cabeza es cómo lo vivió él, con su nombre y su apellido.
  7. Le interesa a más gente de la familia. Una pregunta que tus hijos o tus primos también querrían oír multiplica el valor de cada respuesta. Piensa en el árbol, no solo en la rama que toca a ti.
  8. Cabe en una tarde. La lista corta debería caber en una sobremesa tranquila. Si necesitas tres jornadas para preguntar todo lo que has apuntado, recorta.
  9. Se lo puedes hacer con naturalidad. Si la pregunta suena a entrevista, cámbiala por su versión de sobremesa. «¿A qué echabas de menos al caer la noche?» suena distinto a «describa la soledad durante su emigración».

Señales de alarma al montar tu lista

Más importante que acertar con las preguntas es evitar las que estropean el momento. Vigila estas cuatro.

  • Preguntas de archivo. Si suenan a rellenar un formulario, tu abuelo responderá como si rellenara un formulario. Y ahí se acaba la historia.
  • Preguntas comparativas incómodas. «¿Volverías a emigrar?» puede sonar a juicio sobre decisiones que ya no se pueden cambiar.
  • Demasiadas preguntas de golpe. Diez preguntas seguidas convierten una conversación en un interrogatorio. Tres o cuatro buenas bastan para una tarde.
  • Preguntas que ya respondió mil veces. Si toda la familia sabe lo del viaje en tren y la nieve, sigue por donde nadie ha preguntado, porque ahí está lo nuevo.

Criterios para decidir el formato de la conversación

Elegir qué preguntar lleva aparejado decidir cómo preguntarlo. Compara tus opciones con esta tabla.

Formato Cuándo encaja Qué cuidar
Sobremesa sin papeles Cuando tu abuelo se desenvuelve mejor de palabra Anota después lo que te cuente, porque la memoria de los demás falla más que la suya
Conversación con la lista a la vista Si tienes pocas ocasiones de verle Que la lista sea guía, no guion, y deja hueco para los rodeos
Con los nietos delante Si el objetivo es el legado familiar Que alguno tenga a mano el cuaderno, porque las respuestas se pierden si quedan solo en el aire
Absolute cada uno por su lado Si le da pudor hablar de lo suyo Que le cueste poco empezar, y que la primera pregunta le gane con el primer recuerdo

Ese último formato es el que mejor se sostiene en el tiempo, porque tu abuelo puede rellenar a su ritmo y conservar cada respuesta con su letra, sin la presión de delante de la familia. Si te encaja, hay un camino ya recorrido para eso, y también preguntas pensadas para abuelos que emigraron a Europa y volvieron a España, por si el viaje de vuelta es parte de tu historia.

Tu plan para los próximos pasos

Con la checklist hecha, te queda lo más fácil. Elige tres preguntas que pasen las nueve pruebas, apunta un momento tranquilo y confía en que el primer recuerdo arrastre a los demás. No hace falta cubrir los cuarenta años que duró su historia, basta con abrir una puerta cada tarde.

Y si quieres que nada se quede solo en la memoria, en nuestro libro guiado de recuerdos para Abuelo hay un lugar para cada respuesta, con su letra, para que esa etapa de Suiza o Alemania siga contándose en la familia mucho tiempo.

Artículos relacionados

Regresar al blog