Cómo guardar las recetas de la abuela que no están escritas
Guardar las recetas de la abuela que no están escritas se hace en 6 fases: elegir los platos, cocinar con ella, apuntar cada paso, medir lo que va «a ojo», transcribirlo todo y darle forma de libro. El proceso completo suele ocupar unas tres o cuatro tardes repartidas en un mes, aunque depende de cuántos platos elijas y de la distancia.
Las 6 fases para guardar recetas que solo existen en su memoria
Si tu abuela cocina sin mirar nada, la receta no está en un papel, está en sus manos. El trabajo, por tanto, no es copiar, sino extraer lo que hace de forma automática y convertirla en algo escrito. Este es el camino, fase por fase.
- Elegir qué platos merece la pena guardar.
- Quedar para cocinar juntos y observarla.
- Anotar cada gesto y paso mientras cocina.
- Medir los «un chorretón» y convertirlos en cantidades.
- Transcribir y comprobar la receta escrita.
- Darle formato definitivo de libro familiar.
Fase 1. Elegir los platos que van a quedar escritos (una tarde)
Con una conversación tranquila basta. Pregúntale qué platos prepararían ella o él para una ocasión importante, cuáles hacía su propia madre o cuáles echó de menos cuando se fue a vivir fuera de casa. No intentes apuntarlo todo en la primera sesión; con 6 u 8 recetas tienes un tesoro considerable y el proyecto no se hace eterno.
Plazo orientativo: una tarde, y puedes hacerla coincidir con una merienda o un café.
Fase 2. Cocinar juntos y observar (una sesión por receta)
Aquí empieza el trabajo de verdad. No le pidas que te explique la receta: pídele que cocine contigo y deja que te vaya diciendo lo que hace. Muchos gestos, como cuando gira la sartén o sabe que la masa ya está lista, no salen a la conversación si no los ves en directo. Además, cocinar con tu abuela es la excusa perfecta para pasar una tarde juntos, así que el proceso se disfruta por sí mismo.
Plazo orientativo: una sesión de dos o tres horas por receta. Si eliges 8 platos, son unas 4 sesiones si agrupas dos por tarde.
Fase 3. Anotar cada paso mientras cocina (en el mismo momento)
Mientras cocináis, apunta todo por orden: el orden de los ingredientes, los tiempos que ella estima, los trucos que suelta sin darse cuenta de que son trucos. Un cuaderno y un boli en la encimera hacen el trabajo. Si prefieres no frenar el ritmo de la cocina, puedes grabar la charla con el móvil y transcribirla después, algo que ya explicamos en detalle en cómo grabar y transcribir las recetas que tu abuela dicta mientras cocináis.
Plazo orientativo: el mismo que la fase 2, porque ocurre a la vez.
Fase 4. Medir lo que va «a ojo» (una tarde extra por cada 3 o 4 recetas)
Este es el salto que separa unas notas personales de una receta que otro miembro de la familia podrá cocinar. El «pónle aceite hasta que lo veas» hay que convertirlo en tres cucharadas, y el «un poco de harina» en 150 gramos. Cómo se hace: la próxima vez que cocine, quédate al lado con báscula o vasos medidores y mide lo que ella echa sin mirar. En los platos de repostería esto es casi imprescindible, y tiene su propio método que contamos en cómo anotar las recetas que tu abuela hace sin mirar, fase a fase.
Plazo orientativo: una tarde adicional por cada 3 o 4 recetas, ya que puedes aprovechar las sesiones de la fase 2.
Fase 5. Transcribir y comprobar (dos o tres tardes en total)
Con las notas y las medidas en la mano, escribe cada receta limpia: ingredientes con cantidades, pasos en orden y los comentarios suyos al margen, porque esas frases sueltas («esto se hace con paciencia») son la mitad del valor. Si te queda la duda de algún paso, llámala y compruébalo. Un buen truco es cocinar tú una de las recetas transcritas antes de dar el proyecto por cerrado; si sale como la de ella, la transcripción funciona.
Plazo orientativo: dos o tres tardes para todo el bloque de recetas.
Fase 6. Darle formato de libro para la familia (dos o tres semanas)
Aquí decides dónde va a vivir todo esto. Puedes montar un cuaderno a mano, pero si quieres que la historia de cada plato (quién lo enseñó, en qué ocasiones se comía, qué dice ella de él) quede también guardada, un libro guiado te ahorra el diseño. Nosotros, en Quiero Conocer Tu Historia, tenemos un libro pensado para guardar 14 recetas de cualquier familiar, su historia y cómo cocinarlas, con preguntas que ayudan a que la cocinera cuente lo que hay detrás de cada plato. Si eliges esta vía, pídeselo con margen: de la compra a tenerlo en casa, la entrega tarda unos días laborables y luego el rellenado de las 14 recetas con sus historias se reparte en varias sesiones.
Si te ocurre lo contrario, que su memoria es más grande que el libro, mira qué hacer cuando el libro de recetas familiar se queda pequeño para sus historias.
Plazo orientativo: una o dos semanas de espera del libro más dos o tres sesiones de rellenado, mejor si lo hacéis juntos.
¿Cuánto tarda todo el proyecto, de principio a fin?
Con 8 recetas, el cálculo realista es el siguiente: una tarde de selección, unas 4 sesiones de cocina con las medidas incluidas, 2 o 3 tardes de transcripción y unas 3 semanas para el formato final del libro. En total, un mes aproximadamente si lo espacias, o dos semanas intensivas si os lanzáis en vacaciones o un puente. La cifra que más pesa es el número de recetas y, sobre todo, la distancia, porque cada sesión requiere estar en su cocina, que es donde ocurren las historias.
No lo dejes para un «algún día». Estas recetas solo existen mientras ella cocina, y cada tarde juntos vale el doble: te llevas el plato escrito y la conversación.
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Preguntas frecuentes
¿Y si no puede escribir?
El proyecto funciona igual, porque tú eres quien escribe. Ella cocina y cuenta, y tú apuntas, mides y transcribes. De hecho, así las recetas quedan con la voz de ella y las historias se cuentan más sueltas.
¿Cuántas recetas conviene guardar si solo vais a cocinar unas pocas?
Con 6 u 8 ya tienes un legado sólido, y el libro de recetas llega hasta 14 cuando queráis ampliar. Mejor pocas y bien contadas, con sus cantidades y su historia, que muchas a medias.
¿Puedo empezar aunque viva lejos y solo la vea en vacaciones?
Sí, pero planifica las fases en bloques: por ejemplo, selección y dos sesiones de cocina en un viaje y el resto en el siguiente. Cuantas menos recetas por bloque, más realista el plan.



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