Cómo anotar recetas de repostería de mi abuela que no usa medidas y elegir bien el método

Sí se puede anotar las recetas de repostería de tu abuela aunque cueca al ojo, y el secreto está en elegir bien el método antes de ponerte. Hay 6 criterios que marcan la diferencia, y el más importante es el primero, comprobar si las cantidades se pueden reconstruir pesando en directo. A continuación tienes los criterios ordenados, las señales de alarma que delatan una receta mal anotada y los pasos siguientes.

Por qué la repostería es distinta a cocinar al ojo

Un guiso aguanta variaciones. Un bizcocho no. En repostería, la proporción entre harina, azúcar, huevos y grasa es la receta, así que cuando tu abuela dice «un vaso de harina» o «un chorretón de aceite», lo que esas palabras significan depende del vaso y del chorretón que ella use.

La buena noticia es que las recetas de repostería tradicionales suelen seguir proporciones reconocibles, tipo libra de cada cosa o medidas basadas en huevos. Por eso, con un par de sesiones bien planteadas, se puede traducir su forma de hacer a pesos reales sin que ella tenga que cambiar nada de lo que hace.

Los 6 criterios para elegir cómo anotar sus recetas

Antes de decidir qué método usar, hazte estas preguntas. Están ordenadas por importancia.

  1. Se puede pesar en directo. Es el criterio que decide todo. Si puedes estar en la cocina mientras ella hace un bizcocho, pide que vaya pasando cada ingrediente por la báscula y apunta los gramos. Dos o tres hornadas del mismo dulche te confirmarán si los pesos coinciden.
  2. Sabes qué vaso, cuchara o pichorra usa. Si no pesas, mide sus utensilios. Llena su vaso de harina y pésalo una vez, con cuidado de apretar como lo aprieta ella. Ese dato convierte «un vaso» en gramos para siempre.
  3. El método importa tanto como la cantidad. Anota también los detalles que no se ven, la temperatura del horno sin termostato, cuándo le da la vuelta a la tarta, cómo sabe que la masa está lista. En repostería eso es la mitad de la receta.
  4. Un formato por receta, no un cuaderno por familia. Cada receta necesita su propia página con sitio para ingredientes, pasos y notas. Si lo mezclas todo en líneas corridas, dentro de un año nadie entenderá dónde acababa una y empezaba la otra.
  5. Deja hueco para la versión de sus hijos. Las recetas de repostería casi siempre tienen variantes, la versión que hace tu madre del bizcocho de ella. Un buen registro deja espacio para anotar quién lo cambia y por qué.
  6. Alguien lo entenderá sin haberos conocido. El test final es que un nieto pequeño pueda hacer la tarta leyendo solo la página. Si necesita una traducción oral, todavía falta algo por escribir.

Señales de alarma de una receta mal anotada

A veces uno cree que ya lo tiene y la receta está coja. Vigila estos avisos.

  • Cantidades que no cuadran entre sesiones. Si pesaste dos veces y los gramos cambian, pregunta qué fue distinto, el huevo, la harina, la humedad. La variación también es información.
  • Instrucciones que solo funcionan con sus manos. «Amasar hasta que se aparte del bol» es válido si describes cómo se ve eso. Si no lo describes, quien lea no llegará al mismo punto.
  • Terminología de su pueblo sin aclarar. Un pichorra, un talego o una cuchara de madera colmada significan cosas distintas según la casa. Aclara cada término la primera vez que aparece.
  • La receta que ella no ha hecho en años. Ojo con las que recita de memoria pero lleva décadas sin cocinar. Convendría hacerla con ella una vez antes de darla por buena.
  • Páginas sueltas sin dueño. Un papel con cantidades y sin nombre del dulce, la fecha ni la persona no sirve de mucho en unos años.

Métodos posibles y cuándo encaja cada uno

Con los criterios claros, comparar formatos es fácil. Esta tabla resume las opciones reales.

Método Qué captura bien Qué se pierde Para quién encaja
Apuntes sueltos Rapidez en la cocina Todo, se pierden y se manchan Borrador previo, nada más
Cuaderno propio Flexibilidad total Los cantos al ojo te toca traducirlos tú solo Si ya tienes experiencia pesando
Audio o vídeo Gestos, frases, su voz Las cantidades exactas, a menos que pese Complemento de cualquier método
Libro guiado de recetas Estructura lista por receta y su historia Nada relevante si lo rellenáis juntos Quien quiere que quede todo en orden y con su letra

En la práctica, lo que mejor funciona es una combinación. Apuntes rápidos y una grabación durante la hornada, y después la transcripción con calma. Si te planteas darle un formato permanente, un libro para guardar las recetas de la familia te ahorra el diseño de la página, porque trae la estructura de ingredientes y pasos preparada para 14 recetas, con espacio para contar de dónde sale cada una. Y si tu abuela tiene recetas escritas de hace años, merece la pena echar un vistazo a cómo pasar sus recetas manuscritas a un libro antes de decidir el orden de la tarea.

Cómo organizar la sesión en su cocina

Una vez elegido el método, el plan de la sesión es lo que evita frustraciones. Recomendamos pocas sesiones y bien preparadas, no una maratón.

  • Una receta por sesión, no más. La repostería absorbe toda la mañana y las preguntas se van soltando mientras amasa. Presionar para hacer tres dulces en un día acaba en apuntes confusos.
  • Pesa o mide el utensilio antes de empezar. Deja la báscula o las medidas listas en la encimera para que no rompa el ritmo.
  • Graba con permiso. Con su visto bueno, el móvil recoge explicaciones que por escrito no llegarían nunca, y luego es una excusa perfecta para sentarse juntos a transcribir y que te cuente más.
  • Haz la receta después. La prueba final es hornearla tú siguiendo solo lo escrito. Si sale, la receta ya es tuya y de todos los que vengan detrás.

Si tu caso es el de una madre que también cueca a ojo, la lógica es la misma y cambia el quién. Tienes más detalle en guardar por escrito las recetas de una madre que cocina sin medidas, donde entramos en cómo plantear la conversación en su propia cocina.

Criterios finales para decidirte

Si lo que buscas es el resultado más completo, la decisión se reduce a tres preguntas. Primero, ¿vas a poder acompañarla a cocinar o vives lejos? Segundo, ¿quieres guardar solo las recetas o también la historia que hay detrás de cada una? Tercero, ¿te importa que quede con su letra o te sirve una versión digital?

Si puedes estar con ella y quieres las dos cosas, recetas e historia, un libro guiado rellenado juntos cubre las dos partes sin que tú tengas que inventar la estructura. Si vives lejos o ella no pinta nada de escribir, el peso recae en tus grabaciones y en tus apuntes, y conviene transcribir cuanto antes. Y si te asalta el recuerdo de que el tiempo pasa, dale la vuelta, cada sesión de repostería es una mañana más juntos, que es de lo que se trata.

Nosotros, en Quiero Conocer Tu Historia, diseñamos libros guiados para conservar la historia de tu familia, y entre ellos hay uno pensado justo para esto, guardar 14 recetas, cómo se cocinan y de dónde salen. Puedes verlo en Quiero Conocer Tus Recetas, con envío a toda la península y Baleares. Es la excusa perfecta para sentarte en su cocina antes de que sea demasiado tarde.

Preguntas frecuentes

¿Es buena idea darle este proyecto como regalo para una abuela?

Sí, y de hecho funciona mejor como regalo que como encargo. En lugar de pedirle que se siente a escribir, que suele quedar a medias, ofrece pasar una mañana en su cocina mientras prepara algún dulce. Tú te encargas de apuntar y de preguntar, y ella solo tiene que cocinar como siempre. Si además le regalas el libro donde quedará todo escrito, el regalo tiene las dos partes, el momento juntos y el resultado que quedará para la familia.

Regresar al blog